Un metro de egoísmo

Estaba parado en la estación del Metro Moneda como cualquier día de trabajo, a las 6 de la tarde, cansado, acalorado, y con un ligero dolor de cabeza.

Metro de Santiago en horario de punta
Metro de Santiago en horario de punta

Habían pasado ya 6 carros mientras esperaba la oportunidad de subirme, 6 carros llenos de gente alrededor de la puerta, pero con espacio suficiente para dos o tres personas en los pasillos entre los asientos, 6 carros en que miro con impotencia como se bajan dos o tres pasajeros/as, pero como nadie se corre de las puertas, solo uno/a más puede entrar…
La estación esta que arde… Llega más y más gente, los ventiladores con vaporizadores de agua no son suficientes para amainar la temperatura…  Me digo “basta, no espero más, en el siguiente carro entro…” Y llega el nuevo tren… ¡¡ y bajan 7!!  “Qué bueno” pienso “ahora cabemos todos…”
Soy el primero en entrar y escasamente puedo traspasar la puerta, nadie se mueve… Siento en mi espalda la presión de dos señoras con un niño, hay más gente esperando pasar, y pido en voz alta “permiso”…
No pasa nada, nadie se mueve, la mujer que tengo enfrente de mi me mira como si estuviera loco y continua conversando con su pareja… Miro al resto de la gente y nada…  Estoy urgido, la gente tras de mi también quiere entrar… Pronto sonará la bocina y van a cerrar las puertas…
Entonces reitero de manera más pronunciada “¡PERMISO!” y acto seguido avanzo con toda mi humanidad haciendo espacio en el carro.
La gente antes indolente ahora reacciona, algunos/as miran feo, otros más molestos hacen ¡chis!.  Sigo avanzando apretadamente y con dificultad hasta el medio del carro, yo mismo me voy haciendo espacio, continúo pidiendo permiso y comento “por favor, dejen pasar, todos queremos llegar a casa…”
Una mujer que estaba con su hija señala ¡que atroz!  Otro más allá me grita: “¡Ya no caben más ooh… adonde la viste…!”.  La paciencia se me acaba y le respondo a viva voz: “¿no cabe nadie más? ¡Bajaron siete, no puedo subir yo sólo…!
Siento las odiosas miradas de varios/as y aguardo por la réplica… Nunca llega…
Gente de egoísta de mierda pienso… Somos solidarios para la exportación, para la foto, para la Teletón, pero en el día a día no.  En realidad somos unos/as egoístas de mierda incapaces de hacer un pequeño sacrificio por una otra o un otro…
Pronto estamos en la estación del Metro Los Héroes, bajan muchos/as, suben menos…
Tengo la agradable sensación de sentir un poco más de espacio alrededor, y mientras el tren reanuda la marcha, me quedo viendo los rostros de las otras y otros que están afuera, de los que no pudieron entrar, y que deberán esperar también sus propios 6 carros, antes de tomar la decisión de entrar “pidiendo permiso”, y empujando al mismo tiempo con toda la propia humanidad…

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