La vitrola de Max…

Hace un par de días estábamos pasando un fin de semana en familia.  Nos visitó mi madre y entonces, no recuerdo si fue ella o yo, pero la cosa es que a uno de los dos se le ocurrió que podríamos visitar a mi abuela.

Resultó ser una tarde bien entretenida, la abuela, mi madre, nosotros y nuestros hijos, cuatro generaciones reunidas tomado te, comiendo kuchen de arándanos y escuchando música del 1900 en la vieja vitrola del abuelo Oscar (Q.E.P.D.).  Y así, casi sin darnos cuenta durante más de una hora desfilaron por su plato varios discos con foxtrot, charleston, boleros, zarzuelas y otros, ante el asombro de mis hijos, acostumbrados a reproducir música en pequeños dispositivos electrónicos.

La vitrola del Abuelo Oscar es una preciosidad de madera de la marca RCA Víctor, grande, alta, con un difusor de sonido al que puede “bajársele el volumen” cerrándole las pequeñas puertas que lo cubren y aún funciona maravillosamente siempre y cuando se le de cuerda.

Mi abuelo no la compró, la heredó de su amigo Max. Max era un alemán de menuda estatura, hijo de una maestra de escuela, que fue reclutado a la edad de 12 años para pelear en la 1° Guerra Mundial. Horrorizado por lo terrible de la guerra, Max desertó del ejército a los 14 años y se embarcó en un carbonero.

Recorrió el mundo, estuvo en muchos países, aprendió a hablar 6 idiomas y nunca más volvió a Alemania ni supo de su familia.  Cuando llegó a Chile decidió quedarse y se dedicó al oficio de reparar máquinas de coser. Recorría Valparaíso y Viña con un morral que contenía sus herramientas ganándose unos pocos pesos. Y así, en las vueltas de la vida, conoció a mi abuelo.

Max nunca se casó, no tuvo hijos ni acumuló riqueza.  Al parecer su único tesoro era esta vitrola y una colección de discos de acetato, de esos gruesos y duros que si se caen siempre terminan quebrándose.  Al final de sus días, ya viejo, indigente y sin un lugar dónde vivir, fue recibido por mi abuelo en su taller que a la postre se convirtió en su casa. Y hasta allá llegó Max con escasa ropa,  su Vitrola y su música que le encantaba escuchar.

Tiempo después Max enfermó y mi abuelo se encargó de su hospitalización. Estaba muy complicado de salud y casi adivinando el final, le pidió a mi abuelo un último favor: quería saber acerca de su familia ¿qué habría sido de ellos en la terrible Primera Gran Guerra?

Mi abuelo hizo las gestiones del caso y días después Max recibió la visita del Cónsul de Alemania en el hospital con noticias desalentadoras: toda su familia había muerto en el conflicto y él era el único que quedaba.

Max falleció en paz y heredó su vitrola con la música a mi abuelo. Al final el viejo gramáfono se ha convertido es su simiente y descendencia, ella es la portadora de su historia triste, ella es la que no nos permite olvidarlo, ella es la que tercamente nos evoca su recuerdo cada vez que escuchamos la música, y ella es la que nos motiva a contar la historia, cuando alguien nuevo llega a la casa y nos pregunta ¿y de dónde salió esa vitrola…?

Anuncios

4 Replies to “La vitrola de Max…”

  1. Al leer historias pretéritas, al menos en mi caso, se abre la ventana del recuerdo de mas de alguna situación paralela ya perdida en las arenas del tiempo y, que tiene la virtud de revivir lo que alguna vez sucedió.
    No tuve la posibilidad de conocer a mis abuelos, uno murió antes de yo nacer y el otro cuando tenía solo meses de vida. Es así que siempre que alguien menciona a su abuelo, ya sea el paterno o materno, vuelvo a experimentar una sensación de vacío que me entristece.
    El relato es un caldo de cultivo a la reflexión, el abuelo fue capaz de ordenar las resonancias de palabras como solidaridad y fraternidad con un ser humano que requería de apoyo y sosten.

  2. esta historia me hizo recordar mi infancia…hace harto tiempo, escuchando esos viejos discos que tuve oportunidad de escuchar también en una vieja vitrola, lo increíble de este cuento es como un objeto nos permite trasladarnos en el tiempo y recordar una historia, una persona y quizás tantos otros recuerdos que son importantes atesorar para después trasmitirlos a nuestros hijos quienes nos miraran con cara de que somos viejos de mierda, o como mi última hija que en una oportunidad, a raíz de lo mismo me dijo “entonces mamá cuando tú eres chica EXISTÍAN LOS DINOSAURIOS”.

  3. Compañero… leí emocionado tu relato… con la misma emoción que escucho mis acetatos en una pequeña vitrola que me llena la vida de “recuerdos” de mi inexistencia pretérita… a ver si coordinamos para disfrutar en conjunto esta experiencia sensitiva…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s